martes, 16 de octubre de 2012

Empanadas de pollo


Fausto entro en la fonda que quedaba bajando la calle Canal, junto a la funeraria; pidió una gorda dulce y una empanada de pollo con salsa ranchera; se acerco al refrigerador para tomar un pepsi, la destapo y tomo asiento para  esperar su comida; Fausto le regalaba su atención a al televisor cuando Santiago entro en el lugar.
-¡Fausto! ¿espero no haberte hecho esperar mucho?-Fausto es  un hombre de estatura media, moreno, no muy delgado pero tampoco gordo, con un cabello negro del que se empiezan a escapar unos cuanto hilos plateados, en resumen un mexicano promedio; santiago es el doble de ancho que su moreno amigo, mide casi dos pies mas  de altura y su piel caucásica se encuentra enrojecida por los rayos del sol.
-¡no! para nada, acabo de llegar hace como diez minutos, pedí algo de comer- la dueña y cocinera del negocio se acerca a la mesa con la orden de fausto.
-aquí tiene señor, una gorda dulce y una empanada de pollo-la mujer sonríe amistosamente.
-um se ven ricas, deme cuatro de esas- Santiago señala las empanadas de pollo con entusiasmo-pero con salsa verde- la mujer se retira a la cocina y santiago va al refrigerador por una coca-cola.
-¿no se que le ves a la pepsi? la coca sabe mejor jejej- Santiago siempre a insistido  en que la coca-cola es mejor que la pepsi  y Fausto siempre si inclina a favor de la pepsi; es un debate que han mantenido por años.
Las empanadas de pollo de Santiago llegan a la mesa y Fausto que a estado asiendo como que las empanadas están muy calientes, para esperar la orden de Santiago, se dispone a comer junto con su amigo.
-La pepsi es mas dulce que la coca, ademas irrita menos la garganta- Fausto le da una mordida a su gorda dulce.
-hablando de dulce-Santiago habla con la boca llena- ¿como que el pollo esta muy dulce?¿ no?.
- no se, deja lo pruebo- Fausto deja su gorda aun lado y le da un par de mordidas a la empanada-¡oye si! pero debe de ser por la salsa.
-pues chance-Santiago sigue comiendo.
Terminando la comida Fausto llama a la señora para pedir la cuenta, esta sale de su cocina  caminando rápidamente; en ese instante un joven pálido interrumpe.
-¡tia!-
-¿que fue mijo?-
-présteme las llaves para meter al muerto que acaba de llegar-
-¿y las tullas?-
- las olvide en casa de la Juana-
-a que muchacho- la mujer saca las llaves de su mantel y se las arroja al muchacho. Después el ruido del portón de la funeraria invade  el local asta que este deja de escucharse.
-bueno, de usted son 20 pesos y del grandote son 30- Santiago y Fausto pagan - quédese con el cambio doñita- dicen juntos.
-gracias muchachos, ¿verdad que estaban ricas?-
-si, señora muy ricas-
-¿y  sabían a pollo?-
Fausto y Santiago se miran.
-si... señora.. a pollo-
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