martes, 16 de octubre de 2012

El símbolo sexual


los ojos de de los hombres la recorrían de arriba a abajo, prestando mayor atención en donde sus curvas se pronunciaban más, la miraban como si  vieran a la maravilla más grande de la creación; como cuando un niño mira el juguete que desea a través de el aparador de la juguetería. Todo en ella les parecía perfecto; su forma de andar; sus larga cabellera; ese vestido tan entallado.Tristemente para ellos, ella ni siquiera  los miraba, parecía no oírlos cuando le lanzaban un silbido o un piropo; abstraída en su mundo atravesaba el zócalo.

Un hombre valiente se atrevió a meterse en su camino y preguntar su nombre, ella lo congeló con una sonrisa; los demás se burlaron, aunque por dentro se morían de ganas de haber sido ellos quienes recibierán su sonrisa.
Continuó su camino como modelo en pasarela; las miradas masculinas la seguían; seguían la ondulación de su pelo; seguían el  bamboleo de sus caderas; seguían el rebotar de sus senos; y ella seguía sin tomarse la molestia de mirarlos, o siquiera darse cuenta de la existencia de esos pobres diablos que la miraban como un indigente en un bufet gratuito, camino hasta perderse de vista; el lugar se llenó de suspiros y los grupos de amigos comentaban “lo buena que estaba”; los novios volvieron a prestar atención a sus novias, que les reprochaban su distracción con una furiosa mirada.
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