viernes, 24 de junio de 2016

Bosque Profundo

Árbol tras a árbol, tronco tras tronco; te encuentras perdido en un mar infinito de verdor que pronto, en cuanto se oculte  el sol, se convertiría en  penumbra, puedes ver a lo lejos los rayos de luz rojizos filtrándose entre las hojas. Continúas caminando mientras las sombras se alargan hasta que, al extinguirse los rayos del sol, desparecen; luego un gran silencio se apodera del bosque, como si la vida se pausar para que las criaturas del día cambien turno con las de la noche, te detienes a buscar la linterna que llevas en la mochila, por un momento los únicos sonidos que rompen la armonía son tu respiración y tus torpes intentos de sacar el artefacto, entonces la vida se pone en marcha de nuevo, primero escuchas el rítmico grillar de los insectos nocturnos, crujir de hojas lo acompaña y uno que otro batir de alas lejano, tus instintos más primitivos  te ponen en estado de alerta, por fin sacas la linterna y con alegría compruebas que funciona  pues sin ella no podrías ver más allá de medio metro; esta noche no hay luna y los arboles más altos no dejan pasar la tímida luz de las estrellas.
La luz artificial que alumbra tu sendero te tranquiliza un poco, pero no te acostumbras a los ruidos repentinos y las extrañas siluetas que huyen de tu luz te perturban, aunque trates de convencerte a ti mismo que deben ser animales que sorprendiste en medio de su descanso y que al verse sorprendidos huyeron; de pronto algo golpea tu cabeza, tu gimes y si hubiera alguien para verte notaria que el color se escapo de tu cara, apuntas tu luz en dirección al agresor solo para descubrir una rama de un árbol que no viste,te ríes como un tonto y  casi seria gracioso, si no fuera porque el bosque se ha reído contigo. 


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