lunes, 18 de marzo de 2013

La Sirena

1
Jacinto y Dalia caminaban por la arena rumbo a su pequeña casa en la playa; rememoraban aquellos días de su niñez cuando se conocieron justo en aquel lugar.
-¿quien imaginaria todo lo que vivimos?- dijo Jacinto estrechándola entre sus brazos, ella lo beso entre risas
y solo se aparto para hablarle.
-él lo sabia- dijo mientras señalaba el mar - lo planeo todo- volvió a besarle.
 2
La brisa del mar empapaba el rostro de dalia que asomada por la ventana lo observaba intranquila.
-¿Habrá tormenta?- pregunto Jacinto.
-no lo sé; no quiere decírmelo- ella contesto sin apartar sus ojos del mar mientras él la miraba con preocupación.
3
El cielo fue encapotándose con lentitud y el mar fue poniéndose turbio; Jacinto miraba  a Dalia y ella al mar,
él se dio sintió que Dalia estaba lejos, entonces la imagen de un recuerdo un recuerdo llego a su mente justo cuando el primer relámpago de la tormenta se manifestaba.
4
Jacinto era un niño y acompañaba a su padre a pescar, los dos estaban aun tristes por la muerte de María, Don juan estaba consumido por la muerte de su esposa  y el niño aun lidiaba con la realidad de la muerte; habían pasado  horas desde que arrojaron la red.
-ya es hora de sacarla mijo- dijo el padre con cariño, el niño asintió en silencio; juntos jalaron la red así como juntos cargaban el dolor de su corazón.
Cuando la red callo en medio de la pequeña embarcación padre e hijo se quedaron en silencio observando a la niña enredada entre los hilos de la red.
-¡es una sirena!- grito Jacinto.
El retumbar de un trueno saco a el hombre de su ensimismamiento, este se acerco a la mujer que le había acompañado desde su niñez, la mujer que le había regalado el mar.
5
Jacinto abraso a Dalia desde atrás, ella le toco la cara cariñosamente.
-dice que viene por mi- le soltó la mujer.
-lo sé- dijo él con tristeza.
ambos se quedaron viendo el mar y el cielo; juntos sintieron su fuerza imparable.
6
el huracán golpeo la costa  mientras atardecía; Jacinto y Dalia dejaron atrás la casa y corrieron a refugiarse a una peque selva que estaba justo detrás de la casa; sabían que no podrían escapar del mar, pero aun así corrían tomados de la mano tratando de escapar de un Océano que reclamaba lo suyo. Los arboles crujían y salían disparados por todas partes por lo que los dos tuvieron que girar y volver sobre sus pasos  esquivando cocos que se desprendían de las palmeras como balas de cañón. Corrieron contra viento aferrados el uno al otro asta llegar nuevamente ala playa, que era invadida por olas salvajes, apenas tocaron lo que quedaba de la arena el mar los azoto con salvajismo, Jacinto y Dalia lloraban y en un ultimo intento de vencer al destino se fundieron en un beso que esperaban  fuese eterno.
7
Jacinto despierta tendido en la playa, espantado busca a su amada, gritaba su nombre y después de minutos de angustia la vio  a la mujer tendida en la arena a varios metros de el. Corrió a su encuentro y cuando llego a su lado ella lo miro y le dijo -me dejara quedarme a tu lado- había una isla de cielo azul rodeada de nubes
mientras Jacinto y Dalia corrían para buscar refugio tierra a dentro.


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