viernes, 24 de junio de 2016

Bosque Profundo

Árbol tras a árbol, tronco tras tronco; te encuentras perdido en un mar infinito de verdor que pronto, en cuanto se oculte  el sol, se convertiría en  penumbra, puedes ver a lo lejos los rayos de luz rojizos filtrándose entre las hojas. Continúas caminando mientras las sombras se alargan hasta que, al extinguirse los rayos del sol, desparecen; luego un gran silencio se apodera del bosque, como si la vida se pausar para que las criaturas del día cambien turno con las de la noche, te detienes a buscar la linterna que llevas en la mochila, por un momento los únicos sonidos que rompen la armonía son tu respiración y tus torpes intentos de sacar el artefacto, entonces la vida se pone en marcha de nuevo, primero escuchas el rítmico grillar de los insectos nocturnos, crujir de hojas lo acompaña y uno que otro batir de alas lejano, tus instintos más primitivos  te ponen en estado de alerta, por fin sacas la linterna y con alegría compruebas que funciona  pues sin ella no podrías ver más allá de medio metro; esta noche no hay luna y los arboles más altos no dejan pasar la tímida luz de las estrellas.
La luz artificial que alumbra tu sendero te tranquiliza un poco, pero no te acostumbras a los ruidos repentinos y las extrañas siluetas que huyen de tu luz te perturban, aunque trates de convencerte a ti mismo que deben ser animales que sorprendiste en medio de su descanso y que al verse sorprendidos huyeron; de pronto algo golpea tu cabeza, tu gimes y si hubiera alguien para verte notaria que el color se escapo de tu cara, apuntas tu luz en dirección al agresor solo para descubrir una rama de un árbol que no viste,te ríes como un tonto y  casi seria gracioso, si no fuera porque el bosque se ha reído contigo. 


jueves, 9 de junio de 2016

Novedad y Pertenencia

La necesidad de ser algo, de pertenecer a algún grupo, en muchas ocasiones nos ciega, atrofia nuestra manera de pensar, pues ser más emocional que racional es una tendencia que, en lo que llevamos de este siglo, se ha instalado en el inconsciente colectivo de la cultura occidental. El individuo siempre anda buscando algo con que identificarse, algo que atribuir a su persona; yo soy esto, yo creo en lo otro, buscamos ponernos etiquetas para diferenciarnos de la colectividad pero, irónicamente, comportarse de esta manera te integra aun más en  ese colectivo del que deseas escapar.

Este aspecto, el hecho de querer pertenecer a un colectivo(aun pretendiendo que no quieres), es una necesidad humana muy básica, muy animal, tanto como lo es comer, dormir, orinar, defecar y el deseo sexual. Nuestro problema surge cuando esa necesidad de pertenencia es explotada por un sistema que requiere de un consumo de bienes y servicios para mantenerse a flote.

Es bien sabido que la mercadotecnia conoce a fondo la naturaleza humana y que usa este conocimiento para colocar ciertos productos o servicios al alcance del consumidor, sin importar que este no los necesite, los dueños del mercado explotan nuestra necesidad de pertenencia y nuestra falta de cuidado de nosotros mismos para implantar sus ideas en nuestro inconsciente; ¿qué ideas? todas aquellas que nos lleven a consumir de una manera desenfrenada, asociando mayor consumo a mayor felicidad nos han metido en un circulo vicioso y frenético,  en una lucha sin fin por complacer nuestro instinto de pertenencia que ahora esta enfermo pues paso de "soy valorado y pertenezco a un grupo por que soy útil y aporto algo" a "soy valorado y pertenezco a un grupo por que tengo la mejor ropa, el mejor coche, la mejor casa, el mejor cuerpo, la mejor pareja y lo mejor que el dinero pueda comprar".

Consumimos para tratar satisfacer nuestro ego por un tiempo pues siempre esta la novedad y para no sentirnos excluidos, para pertenecer, corremos a comprar ese nuevo celular, ese nuevo auto, ese nuevo disco de tal artista, ese nuevo reloj, esos nuevos zapatos, ese nuevo videojuego, ese nuevo... lo que sea.